La tentación de los viñadores: Creerse los dueños

SABOREANDO EL EVANGELIO   |   4/oct/2026

Por César Alfredo

Del Evangelio del domingo de la XXVII del Tiempo Ordinario

¿Alguna vez has actuado como si fueras el dueño absoluto de los dones que Dios te ha prestado, olvidando a quién le debes rendir cuentas?

 Jesús dirige estas palabras a los sumos sacerdotes y ancianos, pero su eco resuena con la misma fuerza para los católicos de hoy, invitándonos a revisar cómo administramos la "viña" que se nos ha confiado.

El Evangelio según San Mateo 21, 33-46 nos presenta la parábola de los viñadores homicidas, un relato que, más allá de ser una simple historia agrícola, es una poderosa radiografía de la historia de la salvación y una advertencia directa contra la complacencia espiritual.

El cuidado amoroso del Propietario

El relato comienza describiendo la inmensa generosidad y providencia de Dios. El propietario no solo entrega un terreno baldío; él mismo planta la viña, la cerca para protegerla, cava el lagar y construye una torre de vigilancia. Dios nos entrega una viña perfectamente equipada: nuestra vida, nuestra familia, nuestros talentos y, por supuesto, nuestra Iglesia con sus sacramentos. Nos da todo lo necesario para que nuestra labor prospere y luego "se va al extranjero", un acto que representa el libre albedrío. Dios confía en nosotros y nos da la libertad para administrar sus dones.

La tentación de los viñadores: Creerse los dueños

El conflicto estalla en el tiempo de la vendimia. Los viñadores, cegados por la avaricia y el egoísmo, olvidan que son simples arrendatarios. Rechazan, golpean y asesinan a los enviados del dueño (los profetas a lo largo del Antiguo Testamento) y culminan su rebelión asesinando al propio hijo (prefiguración del sacrificio de Cristo en la cruz).

Como católicos, corremos el riesgo de convertirnos en estos viñadores cuando nos apropiamos de los dones de Dios. Ocurre cuando vivimos nuestra fe a nuestra conveniencia, cuando acaparamos ministerios o responsabilidades en la parroquia buscando reconocimiento personal, o cuando expulsamos a Dios de nuestras decisiones diarias pensando: "esta es mi vida y yo decido". El pecado de los viñadores no fue la pereza, sino la soberbia de querer usurpar el lugar del Señor.

La Piedra Angular y la Promesa del Fruto

A pesar de la tragedia, la parábola no termina en derrota. Jesús cita las Escrituras para revelar su triunfo definitivo: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular". Cristo, rechazado y crucificado, se convierte en el fundamento inquebrantable de la nueva alianza.

La sentencia final de Jesús es clara: el Reino de Dios será entregado a un pueblo que produzca sus frutos. No basta con estar bautizados o pertenecer nominalmente a la Iglesia; se nos exige una fe viva, traducida en obras de caridad, justicia, perdón y coherencia evangélica.

El RETO para esta semana

¡No te presentes ante el Dueño con las manos vacías! Hoy mismo, haz un examen de conciencia sobre lo que estás haciendo con la vida que Dios te prestó, acércate al sacramento de la reconciliación y comprométete a cultivar en tu entorno los frutos de amor y servicio que el Señor espera cosechar de ti.