La moneda para el mundo y el corazón para Dios

SABOREANDO EL EVANGELIO   |   18/oct/2026

Por César Alfredo

Del Evangelio del domingo de la XXIX del Tiempo Ordinario

"En una sociedad donde la fe y los deberes públicos a menudo parecen transitar por caminos opuestos, la respuesta de Cristo ilumina con precisión nuestro compromiso."

La trampa y la sabiduría divina

El pasaje de ete domingo (Mateo 22, 15-21) presenta una alianza insólita: los fariseos y los herodianos, grupos teológica y políticamente enfrentados, se unen con el único propósito de tenderle una trampa a Jesús. Su pregunta sobre el impuesto al César es una encrucijada peligrosa: si Jesús decía que sí, perdía credibilidad ante el pueblo judío que aborrecía la ocupación romana; si decía que no, era denunciado de inmediato ante las autoridades imperiales por sedición.

Con una lucidez desconcertante, Jesús desarma la trampa pidiendo una moneda. Al recordar que la efigie y la inscripción impresas pertenecen al César, establece un principio fundamental: Reconocer las obligaciones legítimas de la vida civil y el orden político.

Sin embargo, da el golpe maestro al recordar que el ser humano lleva impresa la imagen misma de Dios (Génesis 1, 27). Al decir "a Dios lo que es de Dios", subordina cualquier poder terrenal a la soberanía absoluta del Creador.

¿Qué nos enseña el Evangelio de este domingo?

El Católico en la vida pública

Para nosotros, los Católicos de hoy, este pasaje resuena con absoluta vigencia en la vida cotidiana y profesional:

  • Responsabilidad cívica: Ser un buen cristiano implica ser un ciudadano ejemplar. Cumplir con las leyes justas, pagar impuestos, trabajar con honradez y contribuir al bienestar común forma parte de nuestra vocación secular.
  • Límites de la autoridad terrenal: Ningún Estado o ideología humana puede exigir la lealtad absoluta que solo se le debe a Dios. Cuando las leyes civiles contradicen la ley natural o el Evangelio, la conciencia Católica exige fidelidad a los principios morales innegociables.
  • Coherencia de vida: La fe no se reduce al ámbito privado o al templo dominical; debe iluminar nuestras decisiones políticas, económicas y sociales.

Integridad de la vida cristiana.

No vivimos con una "doble identidad" (la de ciudadanos por un lado y la de creyentes por el otro), sino que vivimos la fe desde la propia realidad terrenal. Dar a Dios lo que es de Dios significa entregarle nuestra mente, nuestro corazón y nuestras acciones, transformando las realidades temporales desde los valores del Reino de los Cielos.

Renueva hoy tu respuesta al Señor

¿De qué manera estás reflejando hoy la imagen de Dios en tus espacios laborales y familiares? Te invitamos a examinar tu coherencia entre la fe y tus deberes cotidianos, dedicando un momento de oración esta semana para poner tus talentos al servicio del bien común y de la gloria de Dios.