El mandamiento que sostiene nuestra vida espiritual

SABOREANDO EL EVANGELIO   |   25/oct/2026

Por César Alfredo

Del Evangelio del domingo de la XXX del Tiempo Ordinario

En el núcleo de la doctrina cristiana no descansa en un conjunto de prohibiciones abstractas, sino en una exigencia radical de amor que sintetiza y da sentido a toda la Revelación Divina

El pasaje bíblico de este domingo (Mateo 22, 34-40) nos sitúa en un contexto de confrontación dialéctica. Los fariseos, tras ver cómo Jesús redujo al silencio a los saduceos, buscan ponerlo a prueba a través de un doctor de la Ley. La pregunta («Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande?») reflejaba los debates de la época, que intentaban jerarquizar los preceptos de la Ley.

La respuesta de Jesús trasciende la discusión académica y sintetiza la esencia de la Alianza en dos amores inseparables:

  • El primer mandamiento (Dimensión vertical): Amar a Dios con todo el corazón, alma y mente (Dt 6,5). Es el reconocimiento de la primacía absoluta del Creador en nuestra existencia.
  • El segundo mandamiento (Dimensión horizontal): Amar al prójimo como a uno mismo (Lv 19,18). Jesús eleva este precepto al mismo nivel de importancia que el primero, vinculando indisolublemente el amor divino con el amor fraterno.

Estos dos mandamientos no son dos realidades paralelas, sino las dos caras de una misma moneda. Como enseña la Iglesia, no se puede amar a un Dios invisible a quien no se ve si no se ama al hermano visible que camina a nuestro lado.

¿Qué nos enseña el Evangelio de este domingo?

En nuestra sociedad actual, marcada frecuentemente por el individualismo, la polarización y la prisa, este Evangelio actúa como un examen de conciencia profundo para los fieles. Muchas veces corremos el riesgo de reducir nuestra vivencia al cumplimiento formal de ritos y preceptos externos, descuidando la calidad de nuestras relaciones humanas.

Amar al prójimo hoy implica mirar con los ojos de Cristo a los más vulnerables, cuidar el tejido familiar, practicar la paciencia en el entorno laboral y rechazar la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. No se trata de un sentimiento pasajero o de una emoción simpática, sino de una decisión de la voluntad guiada por la gracia, que busca genuinamente el bien del otro.

El gran aprendizaje de este pasaje es que la brújula de nuestra vida espiritual se mide por la autenticidad del amor. La Ley y los Profetas —toda la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia— encuentran su plenitud y sentido último en la caridad. Sin amor, cualquier obra piadosa pierde su alma; con amor, incluso los actos más pequeños de la vida cotidiana adquieren valor de eternidad.

Renueva hoy tu respuesta al Señor

Te invitamos a que hoy mismo identifiques a una persona en tu entorno que esté pasando por una dificultad o soledad, y realices con ella un gesto concreto de cercanía, perdón o misericordia.